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  terror > PesadillasXXXXXX

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se publicó en la web el 21 de Diciembre del 2004

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  Categoría: terror > Pesadillas
  Titulo:

XXXXXX I Por fin había llegado. La tenía entre sus manos y casi no se lo podía creer. Había tardado muchos años, quizás demasiados, pero al final vino. La vio vertical, plantada como un pino, firme y preciosa. La había buscado sin descanso y ella se había presentado cuando más falta le hacía. Hubo momentos de flaqueza en los que estuvo a punto de desistir pues era consciente de la dificultad que entrañaba ya que sólo unos afortunados habían llegado a acariciarla. Muchas veces llegó a odiarla pero al final siempre le fue fiel ya que ella lo fascinó desde el principio y era consciente de que tenía que utilizar toda su inteligencia e intuición para conseguirla, amén de la suerte, aunque él era huérfano de azar y sólo confiaba en sus posibilidades. Todos le decían que era caprichosa y difícil y que solía aparecer en el momento más inesperado, pero él, lejos de desanimarse, perseveró en su búsqueda y como todo en la vida llegó, con unos cuantos años de retraso y cuando ya menos la esperaba. Había valido la pena. En un par de ocasiones había disfrutado de su presencia, pero en el último momento se había esfumado como una ilusión. Lo que había empezado hacía muchos años como un juego, paulatinamente se convirtió en una costumbre y al final en una ilusión. La miró detenidamente y le gustó. La estudió desde todos los ángulos y vio que sus posibilidades eran infinitas. Luego, la emoción dio paso a la incertidumbre. ¿Y si no fuera tan buena como parecía? ¿Y si la recompensa no mereciese el esfuerzo de tantos años? Ya quedaba poco para saber cuánto daba de sí y si se cumplirían todas sus expectativas. Sabía que difícilmente se le presentaría una segunda oportunidad de volverla a tener en sus manos, pues con los años se pierde la ilusión y la vida nos devuelve a la dura realidad. La volvió a mirar con detenimiento y la ponderó, esta vez con orgullo, y cada vez la veía más hermosa. La tocó y comprobó su textura suave, aunque resistente y casi impermeable, incluso le gustó el aroma que despedía. La tenía entre las manos y no la podía soltar, se había fundido con ella y la apretó contra el pecho con devoción casi religiosa. Jamás se había sentido tan contento y pensó que se lo merecía. La había estado presintiendo y viendo venir toda la tarde y los resultados se habían ido cumpliendo con una precisión asombrosa conforme se acercaba la hora del desenlace final, momento en el que un pequeño error marca la diferencia entre la gloria y la miseria. Sintió una pequeña opresión en el pecho y empezó a sudar, aunque pensó que era normal debido a la excitación del momento. ¿Qué mejor que tomarse una copa para tranquilizarse? Un buen whisky le ayudaría. Ahora sólo faltaba saber cuánto daba de sí aunque él ya lo intuía. La volvió a estudiar concienzudamente y no había duda, todo estaba en orden y no había error. Era ya tarde y todos dormían, motivo por el cual pudo dar rienda suelta a su imaginación e imaginó una vida más tranquila y segura sin sobresaltos ni privaciones, aunque tenía miedo de que su natural tendencia a la exageración le causara una mala pasada. Estaba en el otoño de su vida, edad en la que después de un justo añejamiento podría saborear de un buen vino y disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Ya faltaba poco para el desenlace final y de nuevo se puso muy nervioso puesto que había sido una tarde muy intensa en la cual había revivido toda una etapa de su vida. Era una quiniela muy complicada y digna de admiración. Sus seis equis seguidas eran una trampa en las que de buen seguro habrían caído muchos apostantes soñadores. Los cinco unos, seguidos y traicioneros parecían puñales clavados por la espalda. Le daban el toque final tres doses, uno de ellos realmente infame y sólo al alcance de los apostantes más exhuberantes y arriesgados. Era ese dos difícil y maldito, situado al final, en la casilla correspondiente al número catorce, el que la hacía realmente bella y le daba un toque estético diferente y casi erótico. 2 1 1 1 ------- 1 1 2 X ------- X X X -------- X X 2 Era ese dos la base que sostenía todo el peso de la columna ganadora y le confería rango de obra de arte moderno y única. Esa columna que a él le parecía un mástil enarbolado se mantenía bella y esbelta desafiando todas las leyes de gravedad. No fue necesario recurrir a artes populares como los dados ni se dejó llevar por la ingenua intuición. Eso quedaba para los ilusos que creen que la suerte les llamará a la puerta algún día. No, él había salido a buscarla; la estuvo estudiando durante años y entendió todas sus artimañas, le puso una trampa y la cazó. Había puesto el mundo al revés. Era la ancestral y enigmática veleidosa puesta en espantoso ridículo por la inteligencia humana y la cibernética. Era una justa y meritoria venganza a tantos años de frustraciones, humillaciones y desplantes de última hora. ¿O quizás había entrado en un túnel del tiempo y había adelantado su reloj treinta gozosas horas? ¿Por qué no? Más de una vez lo había pensado. Todo en la vida es cuestión de tiempo. Hay veces que un segundo maldito marca la diferencia entre la vida y la muerte, a veces, incluso menos. También pensó que podría ser un sueño del que no podía ni quería despertar. Volvió a sentir otro pinchazo en el pecho, aunque esta vez menos fuerte, señal de que su corazón estaba dispuesto a aguantar. Cuando apareció el resultado del escrutinio en el teletexto del televisor le dio un vuelco el corazón pero no se sorprendió, pues sabía que habría muy poca gente capaz de haber acertado ese agorero y extravagante dos. Después de tantos años de haberlo intentado acertar un pleno se había convertido en una cuestión de amor propio y se sintió muy importante. Aquella quiniela eran retazos de su vida y sintió una satisfacción inmensa, morbosa y no exenta de erotismo, pensando en el sinfín de posibilidades que la vida le podía ofrecer a partir de ahora. Las personas suelen reaccionar de forma extraña delante de situaciones extremas y a él le dio por reírse. Le dieron risa esos millones de ingenuos apostantes que se habían quedado a las puertas de la fortuna, o que no supieron o no quisieron ver ese fatídico dos que marcaba la diferencia entre la mediocridad y la gloria. También sintió un poco de pena por ellos. Muchas veces imaginando esta misma situación había sentido respeto y hasta un poco de miedo, miedo morboso, pero miedo al fin y al cabo. Sin embargo, ahora estaba admirablemente tranquilo y con un control total de la situación que le sorprendía y desconcertaba. ¿Qué dirían ahora los incrédulos? Sintió que la vanidad había hecho acto de presencia pero no le importó. La opresión en el pecho no remitía aunque él pensó que debía de ser de tipo nervioso, otras veces le había ocurrido. Se tomaría la última copa e intentaría dormir un rato allí mismo. Luego, por la mañana iría al banco, y después con su esposa a la agencia de viajes. Quería empezar la nueva vida con el tan anhelado y tantas veces pospuesto viaje de su vida. A partir de ahora los problemas se relativizarían. Estaba tan emocionado que sintió ganas de llorar y estuvo tentado de despertar a toda la familia para celebrarlo, había hecho algo grande y necesitaba contárselo a alguien, pero como ya era muy tarde decidió respetar la paz de los que duermen e ignoran y lo dejó para el día siguiente. Apretó el boleto fuertemente entre sus dedos. Al día siguiente lo encontraron sentado en el sofá con el televisor encendido en la página del teletexto que mostraba la quiniela ganadora con un único acertante. Parecía risueño y satisfecho y miraba orgullosamente el boleto que tenía entre sus manos. Les costó trabajo arrancárselo de la mano. Cuando por fin lo consiguieron, vieron que tenía las huellas digitales impresas sobre la columna ganadora. II Cuando me desperté me quedé quieto. Estaba paralizado de miedo y dudé de si podría moverme. No sabía realmente si estaba durmiendo o soñando, vivo o muerto, lo que sí sabía era que había ocurrido algo muy extraño que todavía no estaba en condiciones de poder analizar. Cautelosamente inhalé un finísimo hilo de aire y esto me tranquilizó un poco. Lentamente abrí los ojos y luego, muy despacio, moví las manos y después los pies y tuve la sensación de que estaba vivo aunque no la absoluta certeza. Al notar los latidos de mi corazón terminé por tranquilizarme. Yo que era por naturaleza escéptico, rayando la incredulidad, tuve que hacer un esfuerzo para no confundir ficción y realidad. Confieso que me costó. El sueño del día anterior había sido muy claro y revelador. Era todavía muy temprano y todos seguían durmiendo al igual que les dejé la noche anterior, me levanté y me dirigí hacia el sofá. No había nadie y la televisión estaba apagada. Faltaba media hora para irme a trabajar e hice un repaso mental de todo lo ocurrido el día anterior, pues había algo muy extraño que escapaba a mi pobre capacidad de percepción. Cuando se despertó mi mujer me dijo que me había estado esperando hasta muy tarde y al final se durmió, y yo le contesté que me había quedado dormido en el sofá viendo la televisión. Encendí el televisor y comprobé el resultado de los partidos en el teletexto. Diez. Miseria. Siempre a las puertas. No conseguía traspasar aquel maldito número, todo había sido un sueño, pero me quedé mirando la quiniela detenidamente y me estremecí. 2 1 1 1 ------- 1 1 2 X ------- X X X -------- X X 2 Seis equis seguidas, cinco unos y tres doses, uno de ellos muy difícil de acertar. Todo me resultaba demasiado familiar, casi sospechoso y había un solo acertante. De repente, en unas décimas de segundo, quizás milésimas, procesé todo el sueño y lo comprendí. Pero, si lo había soñado, ¿cómo era posible que conociera la combinación ganadora y que hubiera un solo acertante? Si realmente había acertado la combinación ganadora y después me había muerto, ¿qué hacía yo allí reviviendo un sueño? Sentí pánico y me volví a tocar. Me miré al espejo, me pellizqué, incluso hablé, quería oír mí voz y decirme que todo era una pesadilla. No quería quedarme atrapado entre la ficción y mi natural tendencia a exagerar. Reconocí perfectamente los cinco puñales traicioneros y el dos exuberante, especialmente el dos. A lo mejor me había adelantado al tiempo aunque fuera sólo en un sueño. (algunas veces lo había deseado) Puede que nada existiera y viviéramos en un continuo sueño. También cabía la posibilidad de que el sueño todavía no hubiese acabado, o en el peor (o mejor) de los casos, que estuviera onírica y eternamente atrapado. En última instancia cabía la posibilidad de que estuviera soñando un sueño. No sabía en qué mundo estaba y pensé en lo que me hubiese reído si alguien me hubiera contado una cosa así. Leí el periódico y, efectivamente, todas las incidencias de la jornada según las recordaba, coincidían con lo ocurrido y vivido. Volví a comprobar la quiniela y efectivamente tenía diez. Estaba vivo. Las excesivas ganas de acertarla me habían gastado una broma macabra. Hasta aquí bien, pero ¿cómo conocía yo los resultados? Quise pensar que en el mundo de los sueños el tiempo se adelanta y atrasa a nuestro antojo. Ojalá hubiera sido realidad y me hubiera quedado allí en el sofá, bien muerto y con el boleto en la mano. A lo mejor, mi familia me lo hubiera agradecido y hubiesen tenido un buen recuerdo, especialmente mi mujer, rica y viuda. Nunca se sabe. Pensé que sería interesante si pudiera volver a soñarlo, y así, volver a adelantarme en el tiempo conscientemente, y si me moría, sería un muerto en un sueño, que debe de ser un muerto bello. Qué más daba, lo importante era acertarla. Sería agradable despedirse mientras dormía sin dar trabajo a nadie. Lo consideré muy seriamente y pensé que sería una muerte limpia y heroica, sin traumas ni malos olores, sobre todo para los demás. Yo que no creía en el tarot ni en la astrología ni en los ovnis y que era más bien ateo me veía ahora en la encrucijada de creer en algo o volverme loco. A menudo la gente contaba que le habían ocurrido cosas paranormales que yo consideraba ridículas. ¿A quién le iba a contar lo ocurrido? Me tomarían por un imbécil. Yo que siempre fui un perdedor en el juego, disfruté virtualmente de las mieles del triunfo y me gustó. Solamente con pensarlo tuve una erección. Todos mis sueños destrozados por un sueño. Decidí que no volvería a hacer más quinielas, aunque cuando miraba aquella columna me sentía desquiciado y confuso. Finalmente y para cerciorarme decidí repasar por última vez y una por una, todas las columnas de los que constaba la combinación. Efectivamente, sólo diez. Pero en uno de los boletos encontré una cosa muy extraña. Había un hueco, una columna inexplicablemente no impresa y en blanco. Este hecho acrecentó mi curiosidad, la escruté con detenimiento y me quedé desconcertado. Allí donde tenían que haber unos signos había unas huellas digitales claramente marcadas. Me senté en el sofá, me tomé un whisky y sonreí. III Puede que esta narración haya ocurrido realmente ó puede que no. Y puede que haya una realidad encubierta y estrábica que lo confunde todo. Y si realmente ocurrió, quedó difuminada entre la inevitable dualidad ficción-realidad. Pero lo más probable es que no se haya producido todavía o que esté a punto de producirse, ya que lo que se dice y se piensa, y más aún lo que se escribe, está condenado a acontecer tarde o temprano. Todo es cuestión de tiempo y de paciencia, más de paciencia que de tiempo. Posiblemente y en el caso de que este hecho ocurriera en la vida real, a mí o a alguien, la realidad y la ficción volverían a confundirse, como se confunden el deseo y los sueños, volveríamos a empezar y siempre nos asaltaría la eterna y oblicua duda que nos atenaza. Para comprobarlo solo tendríamos que darle vida al personaje. Dotarle de nombre y apellidos, buscarle una familia y una mujer dispuesta a enviudar y llevar una vida fácil y con multitud de pretendientes. No sería difícil de encontrar. También sería fácil hallar algún marido memo y altruista dispuesto a inmolarse a cambio de ser recordado como un héroe. Algún marido gris y aburrido, dispuesto a interpretar durante unas horas el gran papel que la vida le había negado hasta ese momento. Un hombre honrado, cabal y buen trabajador, siempre solícito a las órdenes del jefe pero que le cuesta llegar a final de mes. Puede que hubiese una legión de maridos gustosos de interpretar un papel digno de un oscar póstumo. Seguro que nuestro futuro y anónimo actor disfrutaría de cada segundo del guión y esperaría ansioso el momento en que el teletexto mostrase esa columna única que le llevaría a la gloria aunque sólo fuera por unas pocas horas. Cómo disfrutaría de ese último whisky que le sabría a eternidad y tendría esa última erección pensando en los placeres inmediatos que él nunca había disfrutado y que parecían reservados sólo para los demás. Seguro que renunciaría a toda una vida por unos momentos de gloria. IV Aquí estoy otra vez. Ha pasado bastante tiempo, aunque no consigo recordar cuanto, seguramente demasiado. Deseaba volver pero no dependía de mí, pues quería cerrar esta historia de una forma coherente y real, es decir, verdadera y en directo. Una rápida relectura me llevó a la conclusión de que estaba inacabada y huérfana de un final acorde con las expectativas que había levantado y tenía la obligación moral de decir la verdad. Necesitaba dotarla de un protagonista auténtico y deseoso de querer ser un héroe y llevarla a cabo aún a riesgo de su vida. Quería que mi lector se identificara con los avatares, pensamientos y sensaciones que me invadieron al darme cuenta de que estaba atrapado en esta interminable y onírica historia. Tengo que reconocer que esta narración me ha provocado una crisis de personalidad aunque yo solo soy mero espectador y lo cuento. Voy a plantear una provocadora sugerencia: Te propongo a ti, paciente lector, que a estas alturas andas un poco confundido, como yo lo estoy, que seas tú el héroe del final de esta narración. Aún estás a tiempo. Ten presente que puedes hacer historia, aunque el precio es alto y el placer, aunque intenso, breve. La única premisa es que te creas tú ser el actor. Intenta ser tú el protagonista y verás que es fácil y hasta divertido caer en la trampa de la duda. Ya sé que tienes miedo, como lo tendría yo que la soñé y no puedo librarme de ella. No te preocupes, solo pretendía crear una atmósfera propicia para que te lo creas, aunque intuyo que no te atreverás. Por lo tanto tendré compasión y seré yo, que ya no corro ningún riesgo, quién la termine. He pensado que nadie mejor que yo, que la viví y la fabulé antes, para poner ahora las cosas en su justo punto, ya que la libertad que tiene el creador hace creíbles las cosas más inverosímiles. Necesitaba tiempo, paciencia y suerte. Sobre todo suerte. Y esta llegó con años de retraso pero llegó. No intento confundirte pero te aseguro que existen invisibles razones que me impelen a explicar lo que estoy haciendo. Ahora sí, por fin, no te miento, y juro por Dios que la he acertado. No hizo falta la ayuda de la cibernética ni le puse ninguna trampa, como tampoco fui tan ingenuo para creer en los dados, ni pensé que la suerte llamaría a la puerta, pues como te dije soy huérfano en los juegos de azar. Simplemente perseveré en mi empeño y un día cayó el pleno, aunque si he de ser sincero reconozco que nunca pensé que llegara este momento. Todo se debió a la infinita paciencia del tiempo. No quiero entretenerme más ni entrar en profusión de detalles que podrían ser reiterativos, pero te aseguro que a base a base de insistir y con la veleidosa de mi parte, por fin la acerté. No sé si empezar desde el principio recordando los hechos que narré, que parecían imaginarios y que se confundían con la realidad y los sueños. Aunque de forma fragmentaria quiero, terminar de una vez esta historia que empecé hace tiempo y dura ya demasiado. Y si disfruté escribiéndola, pues eran fragmentos de mi vida, en el fondo estoy cansado y deseo acabar este relato para no volver a hablar más del tema. Prometo ser fiel aunque me será difícil y narraré los hechos tal como los veo, desde mi natural escepticismo, sin ambigüedades ni pasión, ni confundiendo la inevitable dualidad ficción-realidad que me persigue desde hace mucho tiempo. Lo que sí estoy en condiciones de afirmar es que, todo lo que había contado hasta este momento sobre las seis equis era pura fabulación. Al menos esto es lo que creo, pues nunca puede uno estar seguro de nada, y si lo viví intensamente fue, para poder terminarlo hoy, no virtualmente, sino de forma empírica y sin dudas. Tengo que reconocer que hubo momentos en los que me perdí y llegué a confundirme como puede que te confundiera también a ti, pues no sabía quién narraba, quién escribía, ni a quién iba dirigido. Es el deseo como pulsión utópica lo que me empuja a terminarla, aunque todo lo que diga y recuerde nunca tendrá valor probatorio, ni aunque lo reconociera delante de un juez. Te prometo que contaré cualquier cosa susceptible de ser verdad y me someteré a un despiadado auto análisis. Intentaré estar tranquilo y relajado, ya que los excesos de júbilo son generalmente distorsionadores de la realidad como también lo son las miserias. Sentado delante del televisor como hace años, esperando, con un whisky en la mano, la miro y pondero sus posibilidades. Me gusta, tiene un gran potencial y es difícil, aunque no entraña la dificultad de la que fabulé y me inspiró esta narración. Las sensaciones son casi las mismas, aunque en el fondo subyace una sutil incredulidad: 'he hecho algo grande', tan grande que no me lo creo, me produce vértigo y escapa a mis pobres posibilidades. Pero hay una cosa que la diferencia por encima de todas: Tengo miedo. Es un tipo de miedo que no había sentido hasta ahora e intuyo que es el miedo a vencer, el miedo a la libertad, el miedo a disfrutar, el que me atenaza. He ahí la diferencia entre la virtualidad y la realidad. Es el miedo, el que me reafirma que estoy en el mundo que llamamos real. Tengo miedo de quedarme durmiendo en el sofá y que me encuentren por la mañana con el boleto en la mano, sonriente y feliz, tratando de emular a nuestro héroe de ficción. Por eso no lo toco aunque la miro con respeto y sin quitarle el ojo de encima, pero ya no ejerce la morbosa fascinación del primer relato. Tengo miedo de ser recordado como un héroe póstumo, ya que todo lo que se dice, se cuenta, se fabula, y más aún lo que se escribe, está condenado a ocurrir tarde o temprano. Cuestión de tiempo y de paciencia. Todos duermen. Esta vez también, he decidido respetar la paz y la felicidad de los que duermen e ignoran. Nadie lo sabe aunque creo que algo han sospechado. Quizás una mirada que rehuí estuvo a punto de delatarme, o ese exceso de innecesaria jovialidad un domingo por la noche cuando la tristeza suele tomar posiciones en nuestro cuerpo. No sé por qué, pero los domingos tienen algo de triste, es como si después del domingo no hubiera nada. Quizás porque los domingos solemos hacer un repaso semanal de nuestros dudosos éxitos y nuestras numerosas miserias y nos preparamos para la dura realidad del lunes que nuestro lento y triste cuerpo se resiste a aceptar. Pues bien, este domingo es diferente a todos los domingos que recuerdo. Los acontecimientos han sido intensos y los recuerdos se amontonan y me desbordan. Me toco, me pellizco y hasta tarareo una canción, que le da a este domingo un aire surrealista. Necesito cerciorarme de que no estoy soñando, ni fabulando, ni deseando, pues a veces, las excesivas ganas de que ocurra algo, nos confunden, como me confundieron las seis equis y el dos, especialmente la exhuberancia del dos. Estoy sólo. En el fondo lo deseaba, pues hay momentos en la vida, desgraciadamente pocos, que son para disfrutarlos en compañía de la soledad, cada segundo, como un lobo solitario, y son tan intensos, morbosos e inconfesables que nos aferramos a ellos y no admiten compañía. Son una forma de perversión alevosa y fuente de puro placer, y si lo cuento aquí es porque quiero ser confidente de mis pensamientos más oscuros. Dispongo de poco tiempo antes de que aparezca el resultado del escrutinio y es por eso que intento recapitular rápidamente todo lo ocurrido, ya que cuando sepa la cantidad exacta me puedo derrumbar por defecto o por exceso. Es extraño, pero la erección que tanto me excitó, curiosamente no llega, y es que la imaginación nos estimula y nos libera, mientras que la realidad nos atenaza y nos cohíbe. Hay situaciones demasiado fuertes y salvajes para ser ciertas y es lo cotidiano lo que tiende a minimizar lo maravilloso y nos refugia en la mediocridad. De pronto apareció el resultado del escrutinio. No lo esperaba tan rápido y me cogió desprevenido por lo que lo consideré una pequeña traición. Necesitaba tiempo para poder deleitarme más, dar rienda suelta a mi imaginación y provocar el morbo. Aquella rapidez rompió el hechizo y me devolvió a la dura realidad. La primera impresión fue de desconcierto, pues no podía analizar toda aquella información en un segundo ni tampoco calcular de euros a pesetas. El corazón se desbocó en una arritmia salvaje y dudé de si podría aguantar. Después noté un calor que me subía a la cabeza y en un momento lo procesé todo. Respiré hondo y los latidos se fueron normalizando. Intenté tomar control de la situación y al final sonreí feliz. Era mucho más de lo que pensaba y algo menos de lo que llegué a aventurar. Atrás quedaban años de desencantos, fustraciones de última hora y un relato que se había convertido en una pesadilla. Era la hora de la revancha. Ya no me hacía falta tocarme, ni pellizcarme, ni cantar. Sentí un gran alivio y decidí tomarme otro whisky. Necesitaba despertar a todos y dar la gran noticia, aquello había que celebrarlo. Lo había decidido, estaba en plena exaltación interna y consideraba un pecado no compartirlo con los demás. Estaba haciendo planes inmediatos y futuros cuando me llamó la atención algo en lo que no había reparado debido a la emoción del acontecimiento. Al final de la columna ganadora había un dos, difícil de acertar por cierto. Una casualidad, pensé. Me quedé caviloso pero ahora ya no miraba el dos. Había cinco unos seguidos y esto multiplicó mi inquietud. Mi voluntad, que ya estaba tocada, se derrumbó cuando vi claramente seis equis seguidas y entonces ya no tuve ninguna duda, aquella columna ganadora era idéntica a la que me persiguió en sueños, que creí haber soñado y después fabulé. 2 1 1 1 ----- 1 1 2 X ----- X X X ----- X X 2 Intenté extraer la lógica oculta del misterio de aquellos signos pero no pude, era demasiado para mí y me sentí desbordado y abatido. Apagué el televisor, guardé el boleto y me fui a dormir. Mañana sería otro día. No quiero perderme en especulaciones ni que creas que todo lo aquí contado es una manipulación ó el fruto de un montaje destinado a engañarte o a evadirme de la realidad, pues a estas alturas puedes imaginar como me siento, seguramente como te sentirías tú si estuvieras en mi lugar. Lo cierto es que tengo la percepción de que hay una sutil frontera, casi imperceptible, entre lo vivido y lo escrito que no consigo ver y que está llena de trampas y escenas oníricas, y me cuelo por una escena del pasado y salgo por otra del presente, hasta que al final llego a perderme contando algo que no se si realmente ocurrió. Por eso ya no creo en las casualidades ni puedo resistir la pulsión fabuladora. Puede también que haya querido coger el vuelo y escaparme de estos renglones de miseria y, en un ataque de humor e ingenio me haya sumergido en un mundo estrábico y haya conseguido engañarme y engañaros. O quizás me haya vuelto auto indulgente y tenga un modesto afán de trascendencia, pero esta narración crece y crece y me siento atrapado en esta interminable historia y ya no sé cómo pararla. No sé si volveré a escribir más sobre el tema, ganas no tengo, fuerzas tampoco, pues intuyo que tardaría una eternidad en aclarar los hechos y muy posiblemente nadie me creería, aunque cuando miro esta columna me invade la desazón. Lo más probable es que no haya tregua y al final me convierta en un fantasma incapaz de librarme de esta historia y sólo me quede el consuelo de la imaginación.


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