Esta historia comienza cuando mi padre perdió el trabajo y se quedaba en casa, él tenía unos 40 años y yo me llamo Henry y tengo 28 años, siempre él iba al gimnasio y por eso tenía unos músculos… y lo que más me excitaba era su polla, era inmensa, y eso que no estaba erecta.
Un día cuando mi padre llegó borracho a mi casa y no había nadie, ya que mi mamá salió de viaje, yo aproveché y lo hice. Entra, lo senté en el sofá y empecé a quitarle su camisa, mi padre no se daba cuenta porque estaba dormido, luego le quité el pantalón y, poco a poco, y quedaba su bóxer con su polla adentro, me excité bastante, luego comencé a acariciarle por encima y mi padre se despertó, él me dijo que qué estaba haciendo, no le hice caso y saqué su polla y se la mamé entera, él gemía de placer y me dijo: ¡¡así, mámasela a tu padre!! Seguidamente, él se paró y me volteó y me bajó el pantalón, sentí su enorme polla en mi ano, me excitaba bastante y luego sentí su leche calientita, él no paraba de penetrarme, no se cansaba y me dijo “esto se repetirá siempre cuando estemos solos”.
Luego cada día que no está mi mama él viene a mi cuarto y me hace suyo.