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  fantasia > RomanticaLas cosas que nunca te dije

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se publicó en la web el 31 de Mayo del 2004

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  Categoría: fantasia > Romantica
  Titulo:

Cuando llego a casa por la noche y entro en mi habitación, allí, tumbada en la cama con la luz encendida, solo oigo el ruido del ventilador al girar y algún coche que pasa de vez en cuando cerca, o quizá, las voces y gritos de alguien que atraviesa la calle vacía. Mi padre duerme en la habitación de al lado, roncando de vez en cuando. Mi hermano no sé donde está, y tampoco me interesa saberlo. Comienzo a pensar: un túmulo de imágenes y palabras se dibujan en mi mente entrecortadas. Recuerdo y repaso los últimos acontecimientos en silencio. No hay mucha gente; se han ido de vacaciones, o no salen, otros aún andan por aquí danzando de un lado a otro, igual que yo; cómo si fuéramos marionetas movidas por alguien que ya no sabe terminar la historia, o ya no se le ocurren nuevas aventuras y recurre a lo mismo una y otra vez. Marionetas con los hilos ya desgastados; flojos. Sin ganas ya de nada, agotados de intentar hacerlo todo. No somos una generación perdida. Somos una generación corrompida con demasiadas opciones, demasiadas cosas, demasiadas tecnologías, demasiadas facilidades; y en definitiva, demasiado sola. Sé que no sirve de nada volver al pasado. No sirve de nada pensar una y otra vez qué es lo que podría haber ocurrido. Qué es lo que podría haber pasado si todo hubiese sido distinto. Podría haber actuado diferente. Haber hecho las cosas de otra forma. Actuado sin importarme el ser yo misma. Diferente…y ¿quién sabe donde estaríamos ahora los dos?. Haber dicho las cosas en su momento, en ese momento…entonces, tal vez todo se habría evitado, hubiese sido distinto. Pero sólo me di cuenta después, cuando ya no había solución. Soluciones, ¿y quién las quiere?, ¿quién las necesita?. Ya no sirve de nada. Cuando algo forma ya parte del pasado, y más, cuando aquello ha terminado y sientes que no puedes hacer nada, una impotencia se apodera de ti. Y ya no sirve, ni el sentirse impotente, ni triste, ni el imaginarse una y otra vez que hubiese sucedido si…?, ni pensar en soluciones qué en un futuro incierto conseguirán solucionar la situación para que todo vuelva a ser como antes. No. Todo ha terminado. Así son las cosas. Una nueva etapa llegará…pero es sólo que cuando estás en el momento de transición cuesta mucho mirar hacía adelante, y anclarte en el pasado parece más cómodo, o más fácil. Nunca me ha gustado que las cosas cambien. No lo acepto bien. Yo no soy una de esas personas que no tienen de nada, pero tampoco de esas que tienen de todo. Y lo que he tenido que fuera mío me ha costado un esfuerzo, y por eso precisamente me duele tanto el perderlas. Pero cuando ya lo consigues piensas que nadie te las podrá quitar, ni te imaginas que sería el estar sin ellas, porque, ni te lo planteas. Así que, las descuidas, y cuando las pierdes del todo piensas que ojalá hubieses aprovechado mejor el tiempo que se te fue concedido. Pero nunca se sabe cuánto va a durar tu tiempo. Es como una lotería. Nunca lo sabes. Y al tener prisa también puedes perderlas antes de tiempo. Por eso, cuándo estoy tumbada en la cama, mirando hacía arriba; hacía un techo blanco con pequeñas grietas, me doy cuenta de la monotonía, y de la calma que me rodea. Miro por la ventana, pero el paisaje no es mejor, sigo sin ver nada, aunque mis ojos recorren el espacio abierto una y otra vez; así que me vuelvo a tumbar y dejo que la calma me inunde. Recuerdo todas las cosas que no te dije, todas se me vienen a la cabeza. Esas, son las cosas que yo sentía de verdad, y son las únicas que merecía la pena decir, lo demás para qué? Daba igual. Son cómo si todo el sol, todos los cielos azules, todos los campos verdes y todas las alegrías del mundo se fundieran. De todas formas sin las flores seguiría sin ser una primavera. Cómo si toda la arena, el agua y la sal se juntara. Sin olas no se formaría el mar. Cuando lo más importante falta, si te niegas a entregarlo, no sirve de nada colgar una flor y empujarte con una ola de mar, porque aún así no va a funcionar. Y ahora, volviendo hacía atrás, veo como me mirabas, como te sentabas a mi lado. Como me acercaba a ti lo más que podía, y me inundaba con tu olor. Quería decirte que te quería con la mirada, y espero que alguna vez lo entendieras. Quería que supieras lo importante que eras para mí. Contarte cada uno de mis sueños contigo. Demostrarte que disfrutaba cada minuto que pasaba contigo. Mis ojos, mis manos, y mis labios te hablaban, y espero que los entendieras. Entonces, conocía tu sabor de memoria…el sabor que ya he olvidado. Podía permitirme el lujo de no echarte de menos, pensando que te quedarías ahí siempre. Creí que no debería mostrar mis sentimientos directamente, no demostrarme vulnerable ante tus ojos, porque yo quería ser una chica fuerte…y aquí, la fuerza no tiene que ver. El orgullo juega malas pasadas. Y cuando me di cuenta q te había perdido, y el pánico me invadió, te lo dije todo de golpe, cuando tu ya no querías escucharlo…ya era demasiado tarde. No sé si sabes que te sigo queriendo, no sé si sabes que puedes contar conmigo cuando quieras, porque tienes mi amistad hasta la eternidad, y hagas o que hagas no te la voy a quitar. Porque siempre te recordaré, por todos nuestros buenos momentos, por haber sido tan especial. Me quedé sola, y ahora la larga calle se extiende ante mí en línea recta, oscura, solitaria; con todas esas sombras y ojos que me persiguen. Con esos gritos, y esas palabras que me dirigen. Con los golpes que veo lanzar, y los vientos que no se detienen. Sin embargo, ahora lucho por una causa que en realidad no me interesa tanto. Y esta vez por decirlo todo, lo he jodido otra vez. Pero no me importa, porque ese no es para mí más que el ansía de no sentirme sola, el pensar que he encontrado a alguien que me pueda entender…y creo que me he vuelto a equivocar y sola voy a continuar. La habitación da vueltas, la puerta da un golpe seco, mi hermano pasa por mi lado sin decirme nada, mascullando no sé el qué. Voy al baño, abro el grifo y meto la cara debajo. El agua fría tal vez me despeje. Me vuelvo a ver sola en la oscuridad, con una leve luz a mi derecha. Me tumbo en la cama, otra vez, e intento llorar por perder casi lo único que me hizo feliz por un tiempo corto pero largo, aunque nunca suficiente. Las verdes y blancas, sin embargo me lo impiden. Y, como mis mejillas no se mojan; solo me toca dormir, soñar y olvidarme de todo por esta noche. En el último instante pienso en las cosas que no te dije nunca, y que no te debí decir después. Las cosas que nunca te dije dan vueltas en mi cabeza, hasta que me duermo y llega un nuevo día.


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