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  eroticos > OtrosGozando con mi madre

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se publicó en la web el 08 de Noviembre del 2003

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  Categoría: eroticos > Otros
  Titulo:

Hoy es el día de la madre y como todos los años voy a visitarla. La paso a buscar y vamos a la casa de la abuela donde se reúne toda la extensa familia. En todo el mundo se le rinde honores y se lo festeja. La madre desde tiempos inmemoriales de una forma u otra siempre fue reconocida y aun hoy es un símbolo de unión, abnegación y amor. Desde los poetas de la antigüedad hasta nuestros días, le dedican millones de canciones, poemas, cuentos, novelas, postales, etc. Todos magnificando su labor abnegada, sus sacrificios, sus luchas, sus alegrías, sus amarguras, su dolor, su compasión y su perdón. Pero nadie, absolutamente nadie habla ni escribe de la madre como Mujer. Yo llegue a conocer a mi madre como Mujer. Desde muy pequeño la admire, gustaba de jugar con ella, correr por los jardines, jugar a las escondidas y aun cuando me regañaba; me encantaba ver su cuerpo desnudo cuando nos bañábamos juntos. Como hombre, a comprenderla y amarla, a respetarla, adorarla y enorgullecerme de su belleza y su elegancia, esa elegancia que siempre ha hecho que se vuelvan a mirarla. Y durante años fui feliz... Cuando cumplí los 20 años regrese a casa después de mucho tiempo, dado que trabajaba y estudiaba en Miami. Como era norma en la familia al cumplir los 18 años los varones tienen que procurar aprender que la vida para gozarla hay que conocerla (como a una mujer) Como quería estar con ella en su día me tome unas vacaciones y llegue sorpresivamente. Al abrir la puerta de calle, su semblante palideció levemente, con 42 años se la veía serenamente hermosa; pasada la sorpresa aprecie inmediatamente en su rostro la alegría que sentía por mi vuelta. Jamás me había percatado de lo bellísima que era mirándola con los ojos de un hombre. Me abrazo, y en ese momento se me acelera el corazón porque siento todo su cuerpo de mujer, su perfume embriagador, sus formas pegadas al mío. Al imaginarme su hermosa figura inocentemente cálida, me puso nervioso, la abrace fuertemente sintiendo sus pechos pegados al mío y sus manos acariciando mis cabellos, besando mis labios, apretándose mas contra mí y me excite. No quería desprenderme de ella, muy dentro de mí no quería perder ese momento... Vivimos en una opulenta casa en una cuidad cerca de la costa. A escasos 50 metros las olas del mar corren por la playa escupiendo sus blancas espumas, sus aguas son de un azul profundo y desde mar adentro se la puede divisar perfectamente e incluso su interior. Soy un tipo normal. Mido 1,80 cm, cabellos negros, ojos verde pardos, dorado por el sol de las playas de Miami y peso 84 Kg. Me encantan las mujeres y estoy acostumbrado al calor que se desprende de ellas, y al sentirla entre mis brazos mis instintos salvajes de hombre se excitaron, motivo por el cual le dije a mama que prefería darme una ducha antes de ponernos a conversar. Ella estaba ansiosa de saber de mi vida, mis estudios, si me gustaba trabajar, a cuantas muchachas había engañado, etc., etc. Me bañe, fui a mi cuarto, acomode mi ropa en el ropero y me cambie, al entrar a la sala de estar observé detenidamente a mama, mientras leía distraída una revista que había llevado, me parecía más mujer que muchas que habían pasado por mi vida, su cuerpo me atraía demasiado, sin culpa alguna mire sus cabellos que caían sobre la revista, mientras sus manos como palomas los apartaban para poder ver. Admire en silencio ese bello rostro, esa ternura inmensa que despertaba emociones entrecortadas en mi, sus pechos que se movían al compás de la melodía de su respiración y sus piernas perfectas, levemente abiertas. Cuando escucho mis pasos levanto la vista y me dijo: ¡Siéntate frente a mí! Enfrentados nos miramos directamente a los ojos, esos hermosos ojos color miel que brillaban de alegría. No hicieron falta las palabras para saber lo que pensábamos, ella feliz de tenerme y yo contento de estar nuevamente en casa. Brindamos por ello y pasamos largas horas charlando, riendo y cantando viejas melodías que de niño me cantaba. Le contaba cuentos verdes americanos y se reía como una chiquilla mientras me abrazaba cálidamente. Sus dedos muchas veces jugaban entre mis cabellos mientras me relataba los años y lo doloroso del divorcio con mi padre. Le tape la boca y le dije ¡Nunca mas! Sonrió y contesto –Nunca mas-y nos retiramos a dormir. Cuando estuve acostado recordé sus piernas levemente abiertas y sus pechos meciéndose e inmediatamente mi pija reacciona al recuerdo de aquella escena. Lentamente baje mis manos y comencé acariciarme la pija bajo mi pijama, mientras con los ojos cerrados me la imaginaba entre mis brazos. Estaba dormitando cuando golpeo mi madre la puerta y entro. Me quede quieto para que no se diera cuenta del bulto que sobresalía sobre las sabanas. Se acercó, se sentó junto a mí, y me pregunto si estaba durmiendo, le dije con voz enronquecida que no. Discúlpame la molestia pero quería avisarte que mañana voy a la ciudad y quiero que me acompañes. Me beso y mientras se alejaba resaltaba a través de su bello camisón su figura desnuda. Espere hasta sentir que entraba a su cuarto y me levante, camine por el pasillo y vi su puerta entreabierta, seguramente estaba segura que estaba dormido profundamente. La vi tirada sobre la cama frente al enorme espejo que adornaba la pared delante de la cama con las piernas abiertas cuidando de no rasgar la colcha con los finos tacones de sus zapatos mientras comenzaba acariciarse la concha y concentrarse en la humedad y el calor que emanaba y que podía sentirse a través de la tela de la tanga. Sus dedos, sólo las yemas, comenzaron a presionar circularmente, de dentro afuera, con suavidad, y alcance a oír el sonido característico de los labios que se separan, cubiertos de espeso flujo vaginal. Sus caderas comenzaron a moverse muy despacio, separándose unos centímetros de la cama, manteniendo la tensión un instante y volviendo a caer. Incrementó la presión evitando adrede el contacto con su clítoris. Era obvio que tocarlo seria terminar en un orgasmo que precisamente quería prolongar el momento. Masajeó los labios con más intensidad, separándolos y volviéndolos a unir en una lenta cadencia. Su cuerpo estaba respondiendo con un ligero temblor que agitó sus pechos y le arrancó un ahogado gemido. Imaginaba el calor en sus mejillas, expandiéndose como una marea roja y la excitación que se adueñaba de su voluntad a partir de entonces. Una mano palpó la entrada de su escote y liberó uno de sus pechos para atrapar a continuación un pezón excitado y retorcerlo con furia. Su otra mano se cerró sobre la entrepierna atrapando la tanga y dio un fuerte tirón hacia arriba. La prenda entera se incrustó entre sus labios empapados. Y siguió tironeando, frotando las costuras sobre su clítoris, adelantando las caderas para abrirse más a la invasión de su concha para sentir el nudo trasero pasar por su culo, que reclamaba una lengua o un dedo que se internara en él. Una pija hubiera sido el paraíso. Un gemido ronco, entrecortado, llenaba la habitación, parecía la agonía de un enfermo si no hubiera sido porque estaba espléndidamente abierta encima de la cama y en vez de perderse y extinguirse crecía en fuerza y pasión mientras sentía que un orgasmo se acercaba y amenazaba con vaciar sus pulmones en un último espasmo de placer. De repente su cuerpo se arqueó, se tensó, vi su cara de dolor y goce, el orgasmo explotó en su vientre mientras un grito corto y agudo anunció que acababa. Su piel percibía el aire alrededor y respiraba por cada poro. Sus dientes apretados, la cara mostrando la tensión de la interminable acabada, y sus ojos fuertemente cerrados, mientras sus miembros se aflojaban y se volvía cubierta de una fina capa de sudor empapando su cuerpo y su respiración, todavía agitada, recuperaba lentamente el compás perdido durante el orgasmo. Me retire silenciosamente con la pija en la mano y a punto de explotar, apenas alcance a entrar a mi cuarto cuando un torrente de semen salió a borbotones cayendo en mis manos para evitar que salten al suelo. Fui al baño, me lave y me metí nuevamente en la cama quedando profundamente dormido. Mama se despertó a las nueve de la mañana, se cambio y mientras preparaba el desayuno me grito que me levantara que sé hacia tarde para ir a la ciudad. Al entrar a la cocina vi la mesa adornada como un día domingo y el humeante café, las tostadas, la manteca y los dulces se encontraban perfectamente alineados. Ella sonriente se acerca y me dio un breve beso en los labios mientras me decía –Buenos días querido- Anoche te quedaste profundamente dormido. Estabas muy borracho. Nada conteste y desayunamos en silencio. Luego salimos a la ciudad. Durante el trayecto la miraba de reojo, estaba dormida en el asiento de al lado con la ventanilla baja, permitiendo que el viento jugara con sus cabellos. Detrás de sus anteojos de sol veía los bellos ojos cerrados y su hermoso rostro iluminado con una suave sonrisa de paz. En un momento me detuve admirando sus pechos desnudos, no grandes, pero si perfectos, se veían duros y firmes como se apreciaban a través de la blusa semi abierta, más abajo su falda descuidada de color beige dejaba entrever sus piernas doradas y firmes, con sus pies desnudos. Mas no podía pasar por alto ver su falda corrida, ya que al estar dormida abría un poco sus piernas, mostrando una tanga de algodón blanca muy diminuta e imaginando lo que habría, inmediatamente sentí la dureza de mi pija. Recordaba perfectamente la noche y el solo pensarlo me excitaba terriblemente, ver a mi madre masturbándose jamás me lo hubiera imaginado. Ya nunca podría arrancarla de mi mente, quería hacerla mía. Me detuve en una estación de servicio a cargar gasolina y a mojarme el rostro y la pija con agua fría, tratando de olvidar todo lo que había visto e imaginado. Estaba realmente excitado, la sangre corría por mis venas turbulentamente y sentía las palpitaciones de mi corazón. Mil fantasías pasaban por mi mente y en todas ellas mi madre era la protagonista. Cuando regresé a la camioneta ya estaba despierta arreglándose sus cabellos, y seguimos nuestro viaje a la ciudad conversando de las cosas que compraríamos y cómo tomaríamos un baño de mar a la vuelta. El paisaje era fascinante, serpenteando al pie de la montaña nos deslizábamos entre una frondosa vegetación. Desde lo alto se alcanzaba a divisar la playa extendiéndose en la misma dirección. La 4x4 debía trepar curvadas cimas, con curvas muy cerradas y, a los pies, el imponente marco de la selva con aguas transparentes e infinidad de botes y veleros; también rica en cangrejos y langostas. El paisaje hipnotiza, blanca y fina arena es como la harina, un mar tan azul como el cielo y esa combinación de sierra y mar que es imponente. Las olas besando la playa y algunas nubes sobre el horizonte más los pescadores recogiendo sus redes me traían recuerdos de mi infancia. Me sentía feliz, enamorado de mi madre que a mi lado cantaba y reía siguiendo la música de una canción que a todo volumen había puesto. La primera imagen que se ve al llegar es la del puente Hercílio Luz con la vista de la ciudad de Florianópolis al fondo. Tal vez eso se deba al largo tiempo ausente de la isla o por la propia belleza que la vista invoca. Sea por cual motivo fuera, desde pequeño guardo en mi memoria los contornos del antiguo puente, el azul del mar y el diseño de los edificios a lo lejos. No importa si hace sol o lluvia, si es de día o de noche, no importan los nuevos edificios, las nuevas calles, si está más o menos llena, para mí en esa imagen está guardada el alma de Florianópolis la Isla de la Magia Siempre me gustó el mar y siempre pensé en vivir cerca de él. El primer pensamiento de una persona que visita Florianópolis es que está en un paraíso. La belleza es tan grande que te deja sin sentidos. El Centro está ubicado en una pequeña planicie a la orilla del mar, cercada de altas montañas, donde la isla más se aproxima al continente. Frente a la plaza está la Catedral Metropolitana, construida en el año 1753 para sustituir la pequeña iglesia edificada por el fundador de la ciudad. Recorríamos las ferias de artesanía permanentes, nos sentamos a tomar un helado en la plaza famosa por su higuera centenaria. Tomados de la mano recorrimos el Teatro, el Museo Histórico y entramos al no menos famoso Mercado Publico y como dos enamorados nos sentamos a escuchar la contagiosa música del Brasil. Cientos de mesas desbordando de turistas y locales nos rodeaban, muchísimos miraban a mi madre con discreción (el brasilero es muy educado) y admiración. Reconozco que me molestaba terriblemente, había olvidado que era mi madre y no mi amante. Y así entre largas caminatas y no menos largas conversaciones que nos llevaron a conocernos como auténticamente somos, se nos paso la tarde y se hizo la noche. Al llegar a casa pasé inmediatamente a mí recamara, tomé un pequeño baño, y salí con una toalla enrollada y al pasar por su cuarto, toqué la puerta y no obtuve respuesta, lo cual me inquieto. Pasé y la vi tumbada boca arriba en su cama dormida, aún con la toalla de baño que se había corrido dejando ver casi la totalidad de su cuerpo desnudo. Me acerqué tembloroso y me senté a su lado. Inmediatamente mis ojos se clavaron en sus pechos. ¡Que maravilla sus pezones erectos por él frió! Al verlos tan de cerca mi pija se endureció como una roca y pequeñas gotas salían por la punta de ella chorreando su lubricación. Al contemplarla en esa posición la erección que tenía me decidió a tocarla suavemente, sus pechos estaban duros, sin ninguna dificultad puede dulcemente acariciarlos y rozar sus pezones, pero un leve movimiento de ella me hizo salir rápidamente de la habitación. Regresé a mi cuarto y fui directamente al baño donde comencé a masturbarme de manera rápida para aliviar la tensión. Cuando acabe mi leche salto hasta los azulejos de la pared, la cual limpie rápidamente y agotado de tanto tensión me acosté y me quede profundamente dormido, soñando con aquella mujer que deseaba tanto. Cuando desperté eran mas de las once de la noche fui al cuarto de ella y le grite a través de la puerta. ¡Mama, descansa tranquila que esta noche te invito a una cena que preparare especialmente para ti! Había terminado de poner la mesa como en los mejores días de fiestas cuando ella entra con un negro vestido de noche transparentando sus formas. ¡Sos un amor! Me dijo, te quiero muchísimo. Hoy me regalaste uno de los mejores días de mi vida, la cual disfrute muchísimo. Por tal motivo ¡Vamos a beber hasta quedarnos completamente borrachos! Comimos y bebimos abundantemente, ¡Casi no hablaba solo nos mirábamos! Yo feliz por verla tan alegre y tan hermosa y ella porque estaba en paz. Quizás porque se sentía por fin absolutamente libre. Después bailamos, me sentía un hombre mientras la tomaba de la cintura y la apretaba contra mi pecho, nos sentimos desinhibidos y libres, ella me abrazaba y contorneaba su cuerpo al ritmo de la música, mientras me dejaba llevar por ella. Solamente el sentir su cuerpo pegado al mío era mas que suficiente para disfrutar esa noche mágica. Pasaron varias horas y no soportaba mas el cansancio, amen que estaba terriblemente borracha, lo cual me decidió a cargarla y acostarla en su cama. La tape, le di un beso en la mejilla y me despedí mirando ese cuerpo abandonado al sueño. Pase el resto de la noche tirado en la cama pensando en mi madre con una serie de pensamientos que me generaban confusión y deseos. No aguantando mas me levanté, y fui a su cuarto. Al entrar, a su habitación la suave caricia de un rayo de sol que furtivamente entraba a través de las cortinas de la ventana iluminaba su cuerpo dormido. Consciente observaba su respiración y el palpitar de sus pechos. -Nos complementamos muy bien, y lo paso estupendamente con ella, me parece maravillosa pensaba, mientras acariciaba y besaba sus negros rizos y acariciaba su lechosa, suave y aterciopelada piel. La abracé con fuerza, pero con la suavidad necesaria para que no se despertara, no quería despertarla con un movimiento brusco, entonces pensé que sí, que la despertaría pero de otra forma, creo más agradable y sensual. Decidí acariciarla toda, intentando primero pasar mi brazo por debajo de su cabeza muy lentamente para comenzar a ponerla de costado, milímetro a milímetro, muy despacio. Fueron unos instantes que me parecieron horas, pero al final ya estaba.. Ahora quedaba colocarla boca arriba, también sin que se despertara, fue más sencillo que antes y no se despertó. Entonces allí estaba desnuda y dormida... me emocionó. Comencé a besarle los pechos muy suavemente, mis labios los acariciaban, mientras mi mano bajaba por su vientre llegando a su pubis. Lo acaricié muy suavemente y muy despacio, mis manos llegaron a sus piernas, las separé levemente, y coloqué una de mis manos en su vagina. Acaricié con mis dedos sus labios dulcemente, mientras dormida afluían de su concha los flujos que corrían por su muslo hasta llegar hasta las sabanas.. Humedecí con ellos mis dedos, coloqué la palma de la mano en su pubis y comencé a acariciarle el clítoris. La mano que tenía libre la coloqué a la altura de sus pechos, acariciándolos también. De pronto un gemido brota de su garganta y apresurado salí de la habitación no sin antes taparla... Pasado el mediodía desperté, me dirigí a la cocina y preparé un leve desayuno. Como mi madre no estaba supuse que seguía durmiendo, por lo que decidí llevarle la bandeja a su habitación. Sin tocar decidí entrar, ella seguía ahí acostada tapada hasta arriba y con los brazos afuera. Sus senos comenzaban a asomarse. Me acerqué la moví y la desperté. Dando las buenas tardes extendí la mesita con su desayuno. Preguntó la hora. La una, dije, se revisó y con cierto sonrojo me pregunto ¿Cómo llegue hasta aquí y cuando me desnude? Anoche estabas tan borracha que te traje en brazos. Te deje sobre la cama y me fui a dormir. Me miro a los ojos y comenzó a comer. Cuando terminó se metió a la ducha. Cuando volvió la observé de pies a cabeza. Tenia una tanguita color naranja y se veía formidable. Vamos a la playa, quiero tomar sol y que ayer por ir a la ciudad nos perdimos–aunque lo pase muy bien- Trae el bronceador y salió dejándome desconcertado. Me puse una bermuda, cerré la puerta de calle y salí tras ella. Al llegar a la playa estaba tendida boca abajo sobre una lona de vivos colores que resaltaban su espléndida figura. ¡Vaya hijo, que físico que tienes, estas muy buen mozo y sonriendo apoya su frente sobre sus brazos cruzados y continuo ¡ Vamos ponme bronceador! Me arrodille y comencé un suave masaje en su espalada y piernas. Cuando me di cuenta mi madre dormía. Aprovechando esto comencé a pasar mi mano suavemente por sus nalgas, rápidamente tuve una erección, y desabrochando levemente la parte superior de la tanga comencé a pasar mis manos por la orilla de sus pechos. Esa leve desnudez era más que suficiente mi pija sin poder contenerse dejaba descargar mi leche que se perdía entre la bermuda y mis pendejos. Después un buen lapso de tiempo y al ver que mamá no reaccionaba me acosté a su lado y dormí. Desperté al sentir sus manos en mi espalda que se movían pasando el bronceador por ella para evitar las quemaduras del sol. Al terminar corrimos y nos arrojamos al mar, momentos que aproveche para seguir tocándola y sintiendo sus firmes y suaves carnes, las cuales no aparentaban 42 años. En el mar me hundía, pasaba mi cabeza por debajo de sus piernas y salía cargándola encima de mis hombros, para arrojarla mas lejos. Eso me permitía tocar sus muslos, sentir sus nalgas en mis hombros y su vagina en mi nuca. Pasamos un tiempo largo, el mar estaba divino pero lo dejamos porque se había hecho de noche y habíamos decidido comer fuera de casa. Nos bañamos y cuando estuvimos listos fuimos a unos de los tantos restaurantes sobre la orilla del mar. Ella en falda corta y la parte de arriba de la tanga, yo en bermuda y chomba blanca de Armani. Nos sentamos frente a frente en una mesa que estaba casi sobre el agua, alumbrados por unas enormes antorchas que a la luz de la luna embriagaban mas que el vino. Durante la comida pedimos una botella de vino, y al terminar otra de champagne. Las cuales comenzaron hacer efecto rápidamente en ella. Un poco borracha insistió que regresáramos a píe. Al llegar a casa destape unas cervezas las cuales tomamos mientras charlábamos sobre diferentes temas, del amor y del sexo.. Ella me abrazó, me acercó a su cara, me besó la frente e hizo que me recostara sobre sus piernas. Recostado sobre sus muslos comencé a acariciar sus pantorrillas, ella reaccionaba con risas y "estate quieto que me dan cosquillas". Poco a poco fui subiendo hasta comenzar a rozar sus muslos. Ella, en respuesta, acariciaba mi cabello mientras decía que yo era todo para ella, era su amor y su razón para que yo tuviera todo y nada me hiciera falta. Me levanté a poner música, ella me siguió y comenzó a moverse con el ritmo de la zamba. La tome por la cintura y comenzamos a bailar juntos, siguiendo los compases de los tambores y abrazados suavemente. Al terminar cambie a una música romántica, era un ritmo lento y nuestros cuerpos se juntaron de inmediato y nos abrazamos como dos enamorados. Con nuestros cuerpos pegados mi pija se endureció y seguramente ella la sintió.. Sólo se quedo mirándome a los ojos luego pego su mejilla a la mía, y comenzó acariciar mi espalda. El ritmo de la música marcaba nuestros ritmos y los latidos del corazón se me hacían cada vez más fuertes, tenía una sensación de que iba a explotar en cualquier momento. Terminando la canción mi mamá tomó de un sorbo lo que quedaba de cerveza, se acerco, me dio un leve pero cálido beso en mis labios y se retiró a dormir. Quería gritarle, decirle que se quedara conmigo que le necesitaba que la amaba, que estaba profundamente enamorado, pero de mis labios no salió nada. Solo dijo un ¡Te quiero! Cuando se volvió antes de entrar a su cuarto. Al día siguiente me desperté temprano, toque al cuarto de mi madre y no contesto. Al no obtener respuesta empujé la puerta y entré. La visión de lo que vi a continuación me dejó pasmado. Mi madre estaba bañándose con la puerta abierta. En ese momento pude apreciarla toda y completamente desnuda. Permanecí por unos breves momentos y me retire, pensando que la deseaba como mujer antes que respetarla por ser mi madre.. Durante el desayuno permanecí en silencio, extrañada mi madre me pregunto si me sentía bien, si me ocurría algo, le dije que no (como decirle que me sentía maravillosamente bien) Ella sólo me miró y sonrió burlonamente. Salimos a caminar por la playa, yo permanecía en silencio pensando en ella, soñando con la visión de la mañana. A veces mi mirada se perdía en la inmensidad del mar, mas allá del horizonte y otras sobrevolaba sobre la cabeza de los bañistas. Al verme así pensó que estaba mirando los esculturales cuerpos de las mujeres que casi desnudas tomaban sol sobre la playa- Están bien para pasar un rato, pero tu necesitas una verdadera mujer, inteligente y que su ambición sea más que el dinero. Alguien como tú, -respondí- Ella miró, se sonrojó y asintió con la cabeza. ¡Perfecto! Pero el problema es que no hay nadie como tú. No me dejo seguir, me agarró de la mano y seguimos por la orilla del mar, como si fuéramos el uno para el otro, como si no existiera nada más. Y así muy juntos nos quedamos admirando la puesta del sol Nos dirigimos a la casa. Nos duchamos, nos vestimos, y cuando íbamos a salir a comer totalmente pasados de copas, se acercó y me tomó de la mano, rodeó con ella su cintura y nuestras bocas se hicieron una sola. El sentir su aliento, el saborear su saliva y el acariciar su espalda provocaron una reacción inmediata en mi cuerpo, a lo cual ella respondió. Por debajo de su camisa apreté sus redondos y firmes senos. Los toqué, los besé, mientras que mi otra mano reposaba en su vagina por arriba de su tanga e inicié un leve movimiento con mi dedo. Ella sólo emitía leves gemidos mientras que yo continuaba desesperado por tenerla y hacerla sentir mujer. . Ella respondía a mis caricias con gemiditos y suspiros de aprobación. Introduje dos dedos dentro de su sexo, mientras continuaba acariciándole el clítoris, sus gemidos se tornaron en grititos. Durante unos minutos esos fueron los únicos sonidos en la habitación. La miré a la cara y vi su excitación, con los ojos semicerrados, la boca entreabierta, con una mano acariciando uno de sus pechos, con la otra se aferraba fuertemente a las sábanas de la cama. De repente se incorpora, me abraza del cuello y se clava fuertemente mis dedos que buceaban en su interior Comencé a excitar su clítoris con mi lengua humedecida previamente por los fluidos que desbordaban su concha, con dos dedos separaba los labios para que mi lengua tuviera un acceso más fácil a ese punto tan especial, con la otra mano acariciaba la puerta de entrada a su interior, muy suavemente, sin prisas; me lo tomaba con la calma precisa para hacer de ese momento largo y duradero. Pronto aumentaron los gemidos y chillidos, que iban haciéndose más y más fuertes. “Creo que vamos a despertar a los vecinos que estén dormidos.” Pensé cuando su excitación llenaba la habitación con sus gritos. Ella colocó una mano sobre mi cabeza, cómo queriendo que no saliera de ahí, mi lengua continuaba enredándose en el clítoris, mientras mis dedos continuaban acariciando aquella cavidad encontrando un lugar rugoso, mi otra mano acariciaba su entrada trasera. No era una postura cómoda pero creo que a ella le daba igual, entonces... Aquello eran chillidos de placer. De su sexo brotaban cataratas de fluidos, que yo absorbía con placer. Este placer y el saber que tenía a una mujer hermosa y que era mi madre entregada a mí, me excitaba sobre manera. Luego alce su culo y lo elevé hasta mi cara, ella casi por instinto colocó sus muslos sobre mis hombros, comencé a acariciar su ano con mi lengua, muy suavemente mientras una de mis manos que conseguí rescatar de sus nalgas empezó a trabajar nuevamente en su concha, metiendo los dedos índice y corazón, mientras el dedo gordo se dedicaba a acariciar su excitado, duro e vertical clítoris, arrancando de su boca mil gemidos, gritos y expresiones de placer. Mamá jadeaba, mientras el ritmo de mis dedos iba en aumento. Decidido me acosté a su lado e inmediatamente sentí el calor que emanaba su cuerpo. Me saqué la pija y comencé a rozarla levemente por su cuerpo. La comencé a besar desesperadamente, ella me respondía apretando su boca contra la mía y acariciando mi pija, la cual daba muestras de querer explotar. La concha igual estaba deseosa de ser penetrada, ella encima de mí tomo mi pija y la coloco a la entrada que estaba hirviendo, mientras se mordía los labios y una baba se escapaba entre su deliciosa boca. Mi pija empapada de sus flujos la penetro lentamente, suaves gemidos salían de su boca mientras se deslizaba en su interior, la espera y todos los deseos se estaban consumando en ese instante. Con esa mujer que me trajo al mundo, que me alimento, me cuido, educo, velo por mí. ¡Mi vida que me haces! Estoy muriendo de amor sollozaba ella. ¡Yo también, mama, yo también! Gemía yo. Con la excitación que tenía sabía que mi orgasmo vendría rápido, en cambio ella había acabado repetidas veces y sus flujos se corrían por la cama dejando una enorme mancha pegajosa Nuestros gemidos se disparaban en la habitación, entonces se incorporó y presionó sus caderas hacia abajo logrando clavarse mi pija mas profundamente. Nuestros fluidos recorrían nuestros sexos en un orgasmo simultaneo de placer compartido, cataratas de sentimientos recorrían nuestros cuerpos, nos besábamos intensa y acaloradamente. Nos separamos un instante. Ella se recostó de costado mirándome y diciendo ¡Estoy muy excitada! Jamás me sentí así- dijo mientras acariciaba mi pija con una de sus manos. No conteste, absorto contemplaba la redondez de sus glúteos, tratando de acariciar su culo. Te deseo y te amo tanto, mi pequeño. Ven toma mi lechita como cuando eras niño - Sí... ¡Mama! Mateo colon miércoles, 22 de octubre de 2003


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